Injusticias..

Hoy vuelven mis antiguas pesadillas, el mundo sigue siendo injusto por desgracia y la vida de muchas personas pende de un hilo. Por eso creo absolutamente necesario exponer unas cuantas informaciones para remover conciencias, porque Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen. (Willy Brandt)

3. LA DISCRIMINACIÓN DE LA MUJER

Ayer llegó a mis oídos algo a lo aún no doy crédito, pero he creído necesario reflejarlo. Poco a poco, iré completando informaciones y contrastándolas, pero tenía que escribirlo.

En el algunos institutos de Granada (España), al parecer, las profesoras de secundaria de colegios públicos están teniendo problemas para impartir clases a los alumnos musulmanes. 

Que yo sepa, una en particular está de baja por depresión, otras están en situaciones diferentes, pero no son pocas las que no pueden impartir en la plaza a la que habían opositado, y por la situación tampoco se les concede el traslado, que alguna ya ha pedido. 

Según la Asociación de Padres Musulmanes de Granada, a partir de una cierta edad de los menores, las profesoras no son dignas de impartirles clase. Y acogiéndose a la libertad de religión (art. 16 de la CE) vulneran otro de los artículos de nuestra constitución, el derecho a la igualdad (art. 14 de la CE).

Por otra parte las adolescentes musulmanas no acuden a clase una vez que cumplen una determinada edad, ¿dónde está el derecho-obligación a la educación?

La pregunta es ¿por qué no se hace nada?¿Qué es lo que está fallando en nuestro Estado de Derecho para que la mujer no pueda impartir clase a adolescentes por cuestiones de religión?¿Acaso nosotros vulneramos sus derechos fundamentales?

2. LAS MINAS

La información corresponde al proyecto VIDAS MINADAS un proyecto del fotógrafo español Gervasio Sánchez.

El problema: las minas

mina-antipersonaLas minas terrestres antipersona son artefactos explosivos diseñados para herir o matar a personas. En sus inicios fueron empleadas para evitar la desactivación de las minas antitanque y para proteger determinadas zonas estratégicas. Pero se hicieron tan populares, que su uso y producción se generalizaron en todo tipo de conflictos.

Una variedad son las bombas de racimo, que al abrirse dispersan una gran cantidad de pequeñas bombas, muchas de las cuales no estallan en el acto. Arrojadas desde el aire o sembradas sin control, las minas antipersonal pueden permanecer activas indefinidamente. Como su sembrado generalmente no se realiza de manera controlada, no siempre hay información de la cantidad de minas que hay diseminadas ni las áreas minadas, lo cual hace muy compleja y cara la limpieza de las zonas minadas (localizar y destruir cada mina tiene un coste medio de unos 770 euros). Cuando estallan, no distinguen entre civiles o combatientes, niños o trabajadores humanitarios, lo cual hace que provoquen un gran daño en la recuperación posbélica para el futuro desarrollo económico de los países.

dangerLas minas antipersona están expresamente prohibidas por el Derecho Internacional Humanitario (DIH), cuya misión es reducir al máximo el sufrimiento humano, limitando el tipo y el uso de las armas en un conflicto para evitar sufrimientos innecesarios, proteger a la población civil, a los prisioneros de guerra y a los combatientes heridos.

El problema: las víctimas

 

victimasLas minas antipersona, al permanecer activas durante mucho tiempo, siguen siendo peligrosas una vez terminado el conflicto bélico. Las estimaciones oficiosas indican que se producen entre 15.000 y 20.000 nuevas explosiones cada año por causa directa de las minas o munición sin explotar, muchos de ellos en países que ya no están en conflicto armado.

 

Sus principales víctimas son los civiles, personas que trabajan la tierra, que recogen leña en el bosque o que, simplemente, transitan por una carretera o camino. Y muy a menudo, son también niños, que ajenos al peligro que corren se convierten en víctimas de estas armas terribles. La historia de algunos de nuestros protagonistas nos lo demuestra, como Sofia Elface o Mónica Paola.

 
A pesar de que el Tratado de Ottawa ha conllevado avances importantes, en los últimos ocho años se ha informado oficialmente sobre cerca de 58.000 nuevas víctimas. Afganistán, Angola, Bosnia-Herzegovina, Burundi, Camboya, Colombia o Iraq son los principales países afectados, donde se produce un mayor número de amputaciones y accidentes mortales.

 

Las víctimas necesitan una atención completa durante el resto de su vida, que incluye no sólo la intervención médica de urgencia, sino rehabilitación física y apoyo psicológico para su reinserción social y laboral en las mejores condiciones.

 

El problema: el Tratado de Ottawa

 

Tras la denuncia continuada de un grupo de organizaciones internacionales, junto al apoyo de millones de personas y la apuesta de varios gobiernos, el 3 de diciembre de 1997 se publicaba en Ottawa la Convención sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersona y sobre su Destrucción, que entró en vigor dos años después.


Su objetivo era y es aliviar el sufrimiento humano que ocasionan cada día las minas antipersona en todos los rincones del mundo. Desde entonces, la
Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona (ICBL
por sus siglas en inglés) se encarga de velar por los avances en el cumplimiento de la convención, documentándolos anualmente y denunciando su incumplimiento. Al Tratado de Ottawa, como comúnmente se conoce la convención, se han adherido 151 países, tres más lo han firmado, estando aún pendientes de ratificación, mientras que 40 Estados continúan fuera del mismo.

 

desactivaDesde la firma del tratado, hace ya 10 años, se han producido innumerables mejoras: se estima que se han eliminado entre 85 y 90 millones de minas antipersona almacenadas, de las que 39,5 millones se encontraban en posesión de los Estados parte del Tratado de Ottawa. Además, el número de países productores se ha reducido de 50 a 13 en la actualidad. Ha descendido significativamente el número de países que las utilizan y ha bajado en general su comercio internacional. Además, desde la entrada en vigor del Tratado se ha logrado limpiar cerca de 2.200 kilómetros cuadrados de terreno en algunos de los países más afectados, como Afganistán, Iraq, Camboya, Sudán y Angola, por lo que el número de víctimas ha disminuido significativamente.

 

Y, gracias también a las inversiones nacionales e internacionales para la erradicación de las minas, se ha reducido de 84 a 78 el número de países afectados.

 

España se convirtió en Estado miembro en julio de 1999 y, poco después, en octubre de 2000, destruyó sus arsenales de minas antipersona, unas 850.000 en total. Además, las minas almacenadas en Rota, propiedad de Estados Unidos, fueron retiradas en cumplimiento del artículo 1 del tratado. Una de las debilidades que presenta el Tratado es que hay cinco países fuera del mismo que reúnen aproximadamente 160 millones de minas almacenadas, entre ellos, Estados Unidos, Rusia y China.

 
Estados Unidos no ha producido minas desde 1997, pero hay noticias de que está desarrollando unos tipos terrestres que podrían ser incompatibles con la convención. China ha mantenido recientemente una posición más favorable hacia la prohibición de las minas antipersona. En cambio Rusia, además de producirlas, las utiliza sin pudor contra los rebeldes chechenos.

En conclusión

En los próximos años se hacen necesarias dos medidas clave en los ámbitos donde el Tratado aún no se ha desarrollado convenientemente:

Es necesario impulsar la adhesión de los países que aún no lo han hecho para lograr su universalidad y fortalecer al máximo su aplicación.

Es indispensable además, incrementar la financiación internacional y nacional de los países afectados para atender a las víctimas como se merecen, así como finalizar con las labores de desminado de su territorio y con la destrucción completa de sus arsenales.

También consideramos indispensable que el Gobierno Español sea más activo en la universalización del Tratado, usando todos los foros y espacios internacionales que estén a su alcance para promoverlo, y que además se consolide la tendencia al alza observada en 2006, destinando más financiación a programas, fondos y actividades dirigidas.

 1. TIBET

Casi medio siglo atrás, las tropas chinas invadieron Tíbet, llevando a un repentino y violento término los siglos de antiguo aislamiento de Tíbet detrás de los Himalayas. El sello único del Budismo de Tíbet conformaba el núcleo de la cultura y sociedad tibetanas, un contraste radical al dogma materialista antirreligioso de los comunistas chinos.

Inmediatamente después de la invasión, el Dalai Lama, el líder espiritual y temporal de Tíbet, y casi 100.000 tibetanos huyeron al exilio en India. En los años siguientes, la notable cultura y los habitantes de Tíbet han sido perseguidos sistemáticamente. Alexander Solzhensitsyn describió el dominio de China en Tíbet como “más brutal e inhumano que cualquier otro régimen comunista en el mundo”.

Historia de Tíbet desde la Invasión China

A pesar de cuarenta años de ocupación china y varias políticas diseñadas para asimilar o representar a los tibetanos y destruir su particular identidad nacional, cultural y religiosa, la determinación del pueblo tibetano por preservar su patrimonio y reobtener su libertad sigue tan fuerte como siempre. La situación ha llevado a la confrontación dentro de Tíbet y a un gran esfuerzo por hacer propaganda china a gran escala internacionalmente.

La Invasión China, 1949 – 51

El gobierno comunista recientemente establecido de China envió tropas a invadir Tíbet en 1949 – 50. Se impuso un tratado sobre el gobierno tibetano en mayo de ese año, reconociendo soberanía sobre Tíbet, pero reconociendo la autonomía del gobierno tibetano con respecto a los asuntos internos de Tíbet. En la medida que los chinos consolidaron su control, repetidamente violaron el tratado y una abierta resistencia a su dominio creció, conduciendo al Levantamiento Nacional en 1959, y la huida a India del jefe de estado y líder espiritual de Tíbet, el Dalai Lama.

La comunidad internacional reaccionó con conmoción ante los hechos en Tíbet. El asunto de Tíbet fue discutido en numerosas ocasiones por la Asamblea General de las Naciones Unidas entre 1959 y 1965. Tres resoluciones fueron aprobadas por la Asamblea General condenando las violaciones de China a los derechos humanos en Tíbet, y requiriendo a China respetar esos derechos, incluyendo el derecho de Tíbet a libre determinación.

Después de 1959: Destrucción

La destrucción de la cultura de Tíbet y la opresión de su pueblo fue brutal durante los siguientes veinte años tras el levantamiento. 1.2 millones de tibetanos, un quinto de la población del país, murieron como resultado de las políticas de China; muchos más se consumieron en prisiones y campos forzados; y más de 6.000 monasterios, templos y otras construcciones culturales e históricas fueron destruidos y sus contenidos saqueados. En 1980, Hu Yao Bang, Secretario General del Partido Comunista visitó Tíbet – el primer oficial superior en hacerlo desde la invasión. Alarmado por la magnitud de la destrucción que vio allí, solicitó una serie de reformas drásticas y una política de “recuperación”. Se dijo que su renuncia obligada en 1987, fue en parte resultado de esta visión sobre Tíbet. En 1981, Alexander Solzhenitsyn describió el régimen chino en Tíbet, incluso, como “más brutal e inhumano que cualquier otro régimen comunista en el mundo”. La moderación de las políticas de China en Tíbet llegó muy lentamente después de 1979 y permanece severamente limitada.

Intento de Diálogo entre Tíbet y China

El Dalai Lama envió dos delegaciones para sostener conversaciones exploratorias a alto nivel con el gobierno chino y los líderes del partido en Beijing entre 1979 y 1984. Las conversaciones no tuvieron éxito porque los chinos no estaban preparados en ese momento para discutir nada esencial, excepto el regreso del Dalai Lama del exilio. El Dalai Lama siempre ha insistido en que su regreso no es un problema, en cambio, el tema que necesita ser tratado es el futuro de los seis millones de tibetanos dentro de Tíbet. La opinión del Dalai Lama es que su propio regreso dependerá totalmente de la solución de la situación y derechos de Tíbet y su pueblo.

Alarmante Afluencia China

En los años recientes la situación en Tíbet se ha deteriorado nuevamente, induciendo en 1987 a abiertas demostraciones en contra del dominio chino en Lhasa y otras partes del país. Uno de los principales factores conducentes a esta deterioración ha sido la gran afluencia de chinos en Tíbet, particularmente en sus ciudades principales. El número exacto de chinos es difícil de estimar, puesto que la vasta mayoría se ha movilizado sin obtener los permisos oficiales de residencia para hacerlo. De ahí que las estadísticas chinas son totalmente engañosas, contando solamente los pequeños números de inmigrantes registrados. En las ciudades y fértiles valles de Tíbet, particularmente en el este de Tíbet, los chinos superan doblemente a los tibetanos, y a veces, los triplican. En ciertas áreas rurales, particularmente en el oeste de Tíbet, hay muy pocos chinos. Independiente de las cifras, el impacto general de la afluencia es desbastador, pues los chinos no sólo controlan el poder político y militar en Tíbet, sino que también la vida económica e incluso la vida cultural y religiosa del pueblo.

Los militares chinos, al igual que los civiles establecidos en Tíbet han sido una fuente de gran preocupación para India, pues tienen un impacto directo en la seguridad de India. Por siglos Tíbet fue un ‘amortiguador’ vital entre China e India. Fue sólo cuando las tropas chinas enfrentaron las tropas indias en la frontera indo-tibetana que las tensiones, e incluso la guerra, se desarrollaron entre las dos potencias más pobladas del mundo. Mientras más se convierta a Tíbet en una provincia china, poblada por chinos, más fuerte se volverá la posición estratégica de China a lo largo de los Himalayas. El creciente alcance militar de China ha llegado a ser ahora una fuente de preocupación para muchas naciones asiáticas, al igual que para India.

La Situación Legal de Tíbet

Los hechos recientes en Tíbet han intensificado la disputa sobre su situación legal. La República Popular China (RPC) reclama que Tíbet es parte integral de China. El Gobierno Tibetano en exilio sostiene que Tíbet es un estado independiente bajo ocupación ilegal.

El asunto es altamente relevante, al menos, por dos razones. Primero, si Tíbet se encuentra bajo ocupación ilegal china, la transferencia a gran escala de colonos chinos de Beijing a Tíbet, es una seria violación a la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, que prohibe la transferencia de población civil a territorio ocupado. Segundo, si Tíbet se encuentra bajo ocupación ilegal china, la presencia ilegal de China en el país es objeto legítimo de preocupación internacional. Por otra parte, si Tíbet es parte integral de China, entonces, estos puntos caen dentro de su propia jurisdicción interna, como proclama China. El tema de los derechos humanos, incluyendo el derecho a libre determinación y el derecho del pueblo tibetano por mantener su propia identidad y autonomía, son, obviamente, objetos legítimos de preocupación internacional, independiente de la situación legal de Tíbet.

La RPC no reclama derechos de soberanía sobre Tíbet como resultado de una subyugación militar y ocupación de Tíbet tras la invasión del país en 1949 – 1950. Así, China no alega que haya adquirido soberanía por medios de conquista, anexión o prescripción en este período. En cambio, basa su reclamo a Tíbet meramente sobre su teoría de que Tíbet ha sido parte integral de China por siglos.

El tema de la situación de Tíbet es en esencia una cuestión legal, no obstante, de relevancia política inmediata. La situación internacional de un país debe determinarse mediante un criterio legal objetivo, más que político subjetivo. Entonces, el que una entidad particular sea un estado en el derecho internacional depende de si posee el criterio necesario para la condición de estado (territorio, población, gobierno independiente, capacidad de conducir relaciones internacionales), no de si los gobiernos de otros estados reconocen su independencia. El reconocimiento puede proporcionar la evidencia de que los gobiernos extranjeros están dispuestos a tratar una entidad como un estado independiente, pero no puede crear o extinguir un estado.

En muchos casos, como el presente, es necesario examinar la historia de un país para determinar su condición. Dicho estudio histórico debe basarse, lógicamente, en las propias fuentes históricas del país, en vez de interpretaciones contenidas en fuentes oficiales de un estado foráneo, especialmente uno que reclama derechos sobre el país en cuestión. Esto puede parecer evidente para muchos. Al estudiar la historia de Francia examinamos materiales de información franceses, en vez de alemanes o rusos. Sin embargo, apunto a esto precisamente porque el reclamo de China por soberanía sobre Tíbet se basa casi exclusivamente en historias oficiales chinas a su propio servicio. Las fuentes chinas presentaron a la mayoría de los países con los que el emperador de China sostuvo relaciones, no sólo a Tíbet, como vasallos del emperador. Al estudiar la historia de Tíbet, se ha de otorgar a las fuentes tibetanas importancia primaria, a las fuentes extranjeras, incluyendo las chinas, se les ha de conceder un peso secundario.

El Sistema Político en el Tíbet de hoy en día

Tíbet es gobernado estrictamente por el Partido Comunista Chino, con el apoyo activo de los militares. El Partido gobierna a través de oficinas en cada provincia, región y prefectura autónomas. El gobierno está subordinado al Partido, el que lleva a cabo las políticas concebidas por el Partido. China ha establecido la panoplia completa del Partido y oficinas gubernamentales para administrar Tíbet como existe en China. Sólo en Lhasa, hay más de 60 departamentos y comités, cuya mayoría está conectada directamente a las oficinas nacionales en Beijing. De esta manera, Tíbet es “autónomo” sólo de palabra; en realidad, la Región Autónoma de Tíbet tiene menos autonomía que las provincias chinas. El cargo más alto de la R.A.T., Secretario del Partido, nunca ha sido manejado por un tibetano.

China mantiene un ejército de ocupación en Tíbet de, al menos, un cuarto de millón de integrantes. La milicia y la policía, a menudo, se encuentran presentes en Lhasa y todo otro lugar de manera avasalladora, aunque a partir de febrero de 1992, la seguridad en Lhasa está dominada por policía encubierta y con vestimenta civil. La milicia juega un papel mayor en la administración de Tíbet que en cualquier provincia china, y ningún tibetano ejerce dentro del liderazgo del distrito militar gobernante en Tíbet.

Aunque el Partido aún controla Tíbet, su control comienza a dividirse. Existe un penetrante descontento y desdén hacia el Partido Comunista y el gobierno en Tíbet, el que se encuentra incluso entre los miembros del partido y los funcionarios del gobierno. La incompetencia y la corrupción han consumido algunas de las operaciones gubernamentales al punto que difícilmente funcionan y son una enorme pérdida de fondos del gobierno. Durante la visita de la CJI (Comisión Jurídica Internacional) de un mes al este de Tíbet, resultó evidente que los objetivos del partido han sido reducidos drásticamente de los grandiosos planes de transformación social, humana y económica de alguna vez, a simplemente mantener el poder, cuidar de los colonos chinos y extraer los recursos naturales de Tíbet.

Ahora el partido parece tener poco que ofrecer a los tibetanos aparte de la represión que retiene a los tibetanos de una rebelión en masa. Nadie en Tíbet habla de cómo el partido se puede reformar, pues se ha vuelto algo que la mayoría de los tibetanos deben simplemente tolerar y evitar. Algunos tibetanos utilizan el partido para su propio beneficio personal y profesional, e intentan mejorar las condiciones para los tibetanos a partir del sistema. El último Panchem Lama tuvo éxito en sacar suficiente poder del sistema para mejorar las condiciones en una serie de áreas. El Panchem Lama fue el único tibetano al que los chinos le temían, no como a los actuales líderes tibetanos tales como Ngawang Ngapo Jigme, Mao Rubai y Raidi, quienes cuentan con poco poder. Informes recientes desde Lhasa indican la creciente enajenación y desafecto entre los burócratas tibetanos de nivel medio y bajo, y la correspondiente pérdida de confianza en ellos por parte de sus superiores chinos.

La Situación de los Derechos Humanos en Tíbet

Las condiciones de los derechos humanos en Tíbet permanecen en un estado deprimente. Bajo la ocupación china, al pueblo tibetano se le niega la mayoría de los derechos garantizados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, incluyendo los derechos de libre determinación, libertad de expresión, asamblea, movimiento, expresión y viaje.

Prisioneros Políticos

El permanente uso de fuerza militar excesiva por parte de China para sofocar la disidencia, ha significado mayores abusos de los derechos humanos, incluyendo múltiples casos arbitrarios de arrestos, encarcelamiento político, tortura y ejecución. Los grupos de derechos humanos han documentado, al menos, 60 muertes de manifestantes por la paz desde 1987.

Los grupos de derechos humanos han confirmado, con nombre, más de 700 presos políticos tibetanos en Tíbet, aunque probablemente hay más de cientos, cuyos nombres no están confirmados. Muchos son detenidos sin cargo o juicio por hasta cuatro años mediante regulaciones administrativas tituladas ” reeducación mediante el trabajo”.

Además, durante el año pasado, la inquietud se ha esparcido desde las áreas urbanas a las rurales.

Informes confiables sobre maltrato y tortura de detenidos y presos políticos en Tíbet logran difundirse. Esto incluye golpizas, golpes eléctricos, privación de sueño o comida, exposición al frío u otras brutalidades. A las organizaciones humanitarias y de derechos humanos se les niega el acceso a las prisiones y centros de detención en Tíbet.

Libertad Religiosa

Antes de la invasión de China en 1950, Tíbet era un país sumergido en la religión. La práctica religiosa impregnaba la vida cotidiana del pueblo tibetano y conformaba la trama social que los conectaba a la tierra. Reconociendo esto, los chinos se concentraron en destruir esta base cultural de los tibetanos con la esperanza de reprimir la disidencia a su mandato. En 1960 la Comisión Jurídica Internacional estableció que “los chinos no permitirán la adhesión y la práctica del Budismo en Tíbet … [y] que ellos se han propuesto sistemáticamente erradicar esta creencia religiosa en Tíbet”.

Más de 6.000 monasterios y lugares sagrados fueron destruidos por los chinos. A pesar de esto y los más de 40 años de restricción de su religión, los tibetanos continúan aspirando a la práctica de su religión. Actualmente la práctica de la religión continúa siendo limitada de manera severa en Tíbet. Aunque ha habido algunas mejorías externas en esta área, China mantiene un estricto control sobre las instituciones y prácticas religiosas, y los tibetanos no son libres de practicar y organizar su propia religión. La CJI publicó ‘La Libertad Prohibida’ y ‘Una Época a Purgar’, los que presentaron una profunda mirada al tema de la libertad religiosa en Tíbet.

China ha cambiado su política religiosa en Tíbet para suprimir activamente y restringir cualquier crecimiento religioso. Este cambio involucra medidas para detener la reconstrucción sin autorización de monasterios destruidos durante la Revolución Cultural, fijando límites en el número de monjes y monjas en todos los monasterios, fortaleciendo las restricciones sobre los jóvenes que entran a los monasterios, prohibiéndole a los miembros del partido el practicar la religión, y fortaleciendo el control del gobierno y el partido sobre cada monasterio mediante “Comités de Administración Democrática”.

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