Etéreo

3 julio, 2011

Noche etérea de brazos caídos,
de besos lejanos,
de miradas ausentes.

Nudos en el estómago,
despedidas fugaces,
puertas que se cierran.

Noches oscuras de luna llena.

Roa

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Caricias como medicina

26 noviembre, 2010

En un día de esos en que las caricias son medicina me recluyo entre sábanas porque a veces las cosas más simples no llegan, simplemente se escapan volando.  Me apecete huir, alejarme de aquí, dejar los problemas a un lado y olvidarme de la realidad absurda que me envuelve como la niebla, sin dejarme ver más allá.

Anhelo caricias que no llegan, flores que se marchitan en un día a día gris marengo, lágrimas que secan antes de brotar. Echo de menos algo que tengo por no tenerlo y odio saber que diciéndotelo lo tendría y no porque salga de tí.

Hoy por eso es un día para olvidar añorando un nuevo despertar cuando muera esta maldita oscuridad.

Roa


Trasnochando

10 septiembre, 2010

De nuevo a solas y trasnochando, de nuevo Luis Ramiro en mis cascos.
La pared se desdibuja lentamente detrás de la pantalla, mientras mis dedos repiquetean en el teclado.
Casi las tres de la mañana y no dejo de pensar en tí, en nuestras conversaciones telefónicas de 8 a 9 pm, en todo aquello que me gusta de tí, en todo lo que me enamora por absurdo que te parezca.

Cosas del día a día, instantes, comentarios, risas y más risas. Porque creo que si yo tuviera que elegir un siglo también elegiría el XVIII, porque la terraza más llena siempre es la que más se llena y porque reuniendo 10 facturas nos regalan una botella de licor chino.

Simplemente te amo, así sin más, por ser quien eres, por ser tú, por raro o especial, llámalo como quieras..
Por que sí.
Tq

Roa


Retazos

12 julio, 2010

Anaranjado amanecer solitario entre las sábanas de un mañana que no llega, de un ayer que no se va.

Tristes ilusiones perdidas entre los grises laberintos del día a día en la ciudad. Ensoñaciones de un mañana mejor, de un futuro inexistente en el ahora asesinado.

Amargas pasiones terrenales que endulzan retazos de vidas sin sentido. Manjares que fenecen en el crisol desnudo de una primavera hoy lejana.

Roa


Fukuoka

20 junio, 2010

Como cerezas en nuestros labios

1 junio, 2010

Labios como el sabor del viento en el invierno,
dientes jóvenes de luna consentida en la llama del abrazo.
Se endurecía la noche en tu garganta.

Espacio duro de tus senos. Amarilla y quemada,
la inesperada sombra de tus piernas en las alas de los pájaros
cuando tus dedos en un juego de látigos
hendían prisas de frío.

Que nos perdonen las sábanas lunares de los árboles
y el sueño arrebatado a las estatuas,
y el agua estremecida con la caída
del deseo. Tenías los ojos limpios, Andrea.

La estrella de tu frente como herida de vino,
enferma, detenida en mi boca.
Había un mundo de silencio en tu cuerpo,
como si la muerte se hubiese mirado en un espejo
o varias rosas en agonía hubieran imaginado
un paraíso de nieve o de cristales.

(Ahí perdura solamente lo desconocido
que nuestros labios apagaron.
El recuerdo es materia de belleza poseída y escrita
en páginas en las que un poco de amor pasó rozando.
Como el recuerdo gritarían las cabelleras
mojadas en acuarelas de angustia.
Así serían las voces de los aires helados fundiéndose
en las aristas de una montaña de bronce).

Te corría por la espalda una gota de sangre
de mis venas. La noche, con la niebla
y el silencio en medio de los senos, nos veía y procuraba
cambiar su propia ruta.
Que nos perdonen las mismas pinceladas de la aurora.

Exprimidas las horas como cerezas en nuestros labios,
apenas un instante de tus hombros
se deslizó en mi sueño.

(La estrella, de Efraín Huerta)