Antes de dormir

Aun no, no me puedo ir a dormir.
Has dejado demasiadas ventanas abiertas en este frio invierno y debo cerrarlas una por una.

Una, la primera quedó cerrada. Acabo de emborronar mi cuaderno, ahora podemos hacer una cuenta nueva.

Dos, la segunda se me resiste. He necesitado tiempo, pero lo he logrado. Ha quedado cerrada.

Tres, la tercera no quiere cerrarse. Voy a buscar una silla a la que subirme para alcanzar el cerrojo. Cerrada.

Cuatro. Quizá fue el viento, no sé, ya está cerrada.

Quinta y última, esta fue siempre la que dió golpes con el viento, procuraré cerrarla bien. Ya está.

En silencio me dirijo al desván y allí a tientas, en el sordo crujir de las tablas de madera, encuentro nuestra cama.

Roa

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