Tarde, mal y jamas nunca

Tan fácil como “pensar, parpadear, desear, cerrar los ojos y saltar”, abrir el corazón a esa persona y dejar fluir esos sentimientos, simplemente porque están. Darle tu mano y seguirlo al fin del mundo, caminando aún en la oscuridad sólo porque te acompaña.

Ojalá fuese tan fácil, ¿verdad?

Sin embargo hoy “elijo el quedarme fuera,
sentada en la orilla de los días,
muriendo suavemente,
como las olas,
sin hacer ruido…”

Quizá tarde, quizá mal, pero jamás digas nunca, porque alguna de tus mañanas lucirá el sol. 

Roa

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