CRISTALITOS

Languidecía la tarde, cuando el pasado retornaba de la mano de una canción.

Con los últimos rayos, brotaban de nuevo los días felices de aquellos primeros tiempos. 

Bronceadores, toallas de colores, pieles cuarteadas por el cloro y un puñado de ciruelas rojas madurando a golpe de calor.

Solo, acompañado por el murmullo acompasado de los aspersores y el sofocante estremecimiento de las piñas.

Ella tarareaba una canción, mientras arrastraba una silla en la terraza.

Fue la primera vez que la vi.

En ese instante respiré profundamente y después, me sumergí en “el mar”.

Cuando desperté, la luna trepaba tímida por entre las ramas de los cedros.

Entonces, la silla de su terraza volvió a gemir y después lo hizo la persiana. ¡Ras, ras! Hasta abajo.

Siento que mis recuerdos arden en esta fugaz batalla.

De nuevo lo nuevo, lo viejo, lo pasado…lo que jamás morirá.

Un fragmento de película capturado en el lago de la memoria, con el cebo de una canción.

Despedirse de los recuerdos es imposible…siempre se marchan sin avisar.

Por si acaso…¡Adiós, fue un placer!

Ojalá mañana fuese AYER.

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