MI TIERRA PROMETIDA

Un cárdeno día de invierno atraqué mi pequeño balandro de un solo mástil en la ensenada de tu pecho, con la esperanza de hallar en él, un lugar donde dejar para siempre varada mi alma.

Pronto el tiempo levantó sobre la fina y blanca arena de tu playa un monstruoso acantilado de indiferencia.

Una fría mañana, desde su cima divisé cientos de icebergs que ponían rumbo a tu isla para devorarme con sus espantosas fauces de hielo.

Masticando mi derrota, me entregué al viento para que me arrastrara por el infinito azul, lejos de tu brisa.

Desde entonces, con la mayor destrozada y sin más abrigo que mi ajada y cuarteada piel, me mantengo a la deriva esperando que vuelvas a llevar mi timón y conduzcas de nuevo mi barco a tu puerto.

Cuaderno de bitácora, miércoles 6 de enero: Aquí estoy, en alta mar, con la única compañía de las invisibles sirenas que de cuando en cuando entonan para mi su triste canción de soledad y perdido en lo más profundo de este negro océano que me hostiga y me rodea con sus gigantescas olas de silencio y sus inesperados cambios de humor.

Como un naufrago sin isla busco sin descanso en el horizonte mi tierra prometida…TU.

Desco71

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