Almas desnudas que se muestran tras este largo y caluroso estío,
envidia de instantes marchitos nunca acontecidos,
luz en la oscuridad que nos envuelve.
Añoro la dulce rutina que comienza en la comisura de tus labios y fenece entre tus sábanas.
Es el momento de ‘tornar’ a la realidad y poner en orden las piezas que componen mi vida.
Esta entrada fue publicada el 29 agosto 2011 a las 17:49 y está archivada bajo las categorías De gigantes, Reflexiones. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0.
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